Buenas, hoy, os dejaré una pequeña historia que leí y me cedieron permiso para colgarla. La escribió nuestro profesor de Eticocívica.
ERAN TIPOS DUROS por Victor Ll. Domínguez
Los tres hombres se habían encotrado al atardecer. Vagaban solitarios en sus montura, cargados de pertrechos, sudor y polvo, por el desierto mexicano de Sonora, despiadado e inclemente. Habían decidido compartir sus ya escasas provisiones, hacer piña en la noche frente a los peligros y alimañanas de aquel páramo inhóspito y cruel.
Contar historias que les consolasen en el camino, y les hiciesen olvidar los problemas y las calamidades. Descansar al calor de la hoguera.
Eran tipos duros.
Fué William Dunkham quién explicó en primer lugar sus peripecias. Venía al parecer del frio norte. Había sufrido los rigores de Klondike como buscador de oro. Había padecido la perdida de varios dedos de su mano izquierda, por congelacion, y parte de una oreja. Mirando al vacio de la noche explicaba sus aventuras. "En el silencio blanco del norte ártico la muerte acecha a cada paso. Los lobos, los osos, el hielo, y la amenaza constante de los indios Kree... Tengo cicatríces por todo el cuerpo y he matado muchos hombres para salvar la vida... Soy un tipo duro...".
No fué otro que Arnold Tombstatk quien continuó, cumpliendo con su turno, contando esas historias que hacen mas nobles a los hombres y los convierten en seres comparables a los heroes de la antigüedad.
Tombstatk, ya retirado y camino de su hogar, habñia ejercido como Marshall durante quince años en Tukson (Arizona). Había recibido disparos y le habían sorprendido en emboscadas indios hostiles y bandidos canallas. William H. Bonny, Jessy James..., y muchos otros. Con la mirada perdida en las estrellas explicaba su propia historia. "Toda mi vida he defendido la ley contra los bandidos indomables que aún me juran venganza, de ellos he recibido muchas balas. Y he protegido siempre a los colonos contra los ataques de los indios rebeldes. En una ocasión, cuando defendía mujeres y niños mormones que viajaban en una caravana hacia Utah, fuí secuestrado por los Siux y torturado. Incluso el mismísimo Toro Sentado me dio por el culo. Me he batido en duelo, al sol, con muchos hombres, y muchos han muerto por mis pistolas... Yo soy un tipo duro de verdad..."
Jeremiah Watheley dió entonces un largo trago a su petaca de whisky, miró a aquellos dos seres de leyenda con esa mirada que solo tiene quien ha sido, al tiempo, castigado y bendecido por los dioses y, tras escupir un salivazo, negro por el tabaco de mascar, con la mirada perdida, permenació en silencio, removiendo las brasas de la hoguera con la punta de la polla.
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Realmente bueno, hace tiempo que el Víctor me dejó leer esa historia, ¡y aún me sigo riendo!. Y es que no todos pueden ser tan duros como Jeremiath Watheley...
ResponderEliminarEnhorabuena por el blog, y sigue así.
Un profe mackero